De frente a la imagen que refleja el espejo, se aprecian aspectos no muy gratos de mi yo físico: las pecas, los granitos, el abdomen, la tiroides, el ombligo, mismas que me hacen ser única entre tantos semejantes. También aparecen aspectos bellos a mis ojos: mi cara, cabello, manos, pies, mi cuerpo.
El yo continua con su imagen en el reflejo y esa imagen se manifiesta en sociedad de igual manera, aparecen aspectos malos de mis relaciones sociales: salir de mi casa, levantarme al estar escribiendo, contestar el teléfono, abrir la puerta, estar en un lugar muy ruidoso. De los aspectos agradables de las relaciones sociales: convivir con amigos, aprender, descubrirme, reinventarme y participar.
La cara reflejante de mi vida espiritual que no aprecio: los debates sobre Dios, las misas extensas, comulgar, sentir culpa, el mal.
La parte que me libera de mi vida espiritual: disfrutar la divinidad, sentir paz, alegría, amor y a Dios en todo.
En el espejo sigue prolongándose la imagen y los yo no agradables en mi vida emocional: desparpajada, directa, voluble, llorona, sentimental.
La cara concreta que me da movimiento independiente que me agrada de mi vida emocional: la risa, correr, expresarme libremente, amar, la sensibilidad.
Otro yo se encuentra en el aspecto intelectual no grato sería: hacer tareas, leer el periódico, levantarme tempranito, que me den la contra, la música estruendosa.
La parte intelectual que me alimenta felizmente es: leer, escribir, aprender, adaptarme, expandir mis sentidos, sonreír, crear.
la dualidad de lo que tengo que aprender a amar de mi propio yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario